Un martes de noviembre, en una pequeña perfumería de la Rue Saint-Honoré, encontré un frasco que guardaba un secreto. Siempre he sentido que los perfumes son narradores de historias invisibles, pero aquél parecía contar una saga entera con solo destaparlo. Era de esos aromas que te envuelven lentamente, como un abrazo que lleva consigo un murmullo lejano.