Hay un aroma que se mete bajo la piel y despierta recuerdos dormidos, un olor a hogar inconfundible que llena la cocina cada vez que preparo chipá. Este panecillo de almidón y queso, tan simple y a la vez tan entrañable, me transporta inmediatamente a una mañana cualquiera en Paraguay. En Francia, el ritual de preparar chipá es mi hilo directo con Paraguay.