Esta tarde, mientras paseaba por las calles adoquinadas de Lyon, noté cómo el aire se llenaba de un aroma particular a tabaco y anís. Un grupo de amigos reía alrededor de una pequeña mesa con copas de pastis alargadas, acompañadas de pequeños bocados de charcutería. Era, sin duda, la magia del apéritif francés en acción.
Hay un momento mágico en el que la luz del atardecer roza los campos de lavanda en Sault. Todo se tiñe de un tono lila y dorado, un espectáculo digno de admirar. Caminar entre estas flores es como entrar en un sueño perfumado, donde el tiempo parece detenerse.
Tengo una debilidad por el ñandutí, ese delicado encaje que lleva consigo historias de manos laboriosas en Paraguay. Recuerdo la primera vez que mis ojos se perdieron entre sus intrincados hilos en una feria de Asunción, como si cada vuelta de la aguja tuviera un susurro propio. De cerca, el ñandutí parece un universo en miniatura, donde cada figura tejida cuenta con una pequeña anécdota: un amanecer fresco, una charla entre risas y mate, o la memoria de un abrazo lejano.
En una tarde luminosa, cuando los rayos dorados del sol francés acarician suavemente los campos de lavanda de Sault, siento que estoy en un rincón mágico del mundo. Es un lugar donde el aire huele a sueños y recuerdos. Sault, un pequeño pueblo enclavado en la región de Provenza, es más conocido por sus interminables campos de lavanda.
¡Hola! Soy Perla Te doy la bienvenida a mi blog. Soy una Paraguaya viviendo en Francia. Te cuento como es la vida en el viejo continente desde mi visión personal, además de compartir cosas interesantes de mi vida y de todo un poco.